A fecha de hoy, hay unos 41 cadáveres en los últimos 800 metros que conducen a la cima del Everest.

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Nadie los retira, salvo raras excepciones. La falta de oxígeno lo convierte en un verdadero problema, y pocos están dispuestos a asumir ese riesgo.

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El pasado 18 de mayo, cuando se detuvo para tratar de reponerse, David Sharp era ya otro cadáver pero él no lo sabía. Hasta 40 alpinistas pasaron por su lado mientras agonizaba.

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