Un banco de carpintero viejo sin un solo hueco libre de una marca de la sierra o de un martillazo, las sierras colgadas al fondo del banco, los martillos, los lapices de carpintero, las prensas, los botes de cola, las tablas y los recortes de madera esparcidos por todas partes, los montones de serrín, telarañas, las habitaciones llenas de muebles por reparar, las cajas llenas de puntas, los sitios oscuros de la casa aún por explorar, las paredes completamente forradas de posters de futbolistas melenudos de los años 70 u 80 quizás, el olor a humedad mezclado con todo lo anterior, el olor del limonero del patio, el moho, el hueco que dejaban las ramas al fondo del patio por donde se colaban rayos de sol, la colchoneta de espuma para las siestas de mi abuelo, su cara al serrar la madera, el hoyo de su mentón, su cara al reír... todo eso lo tengo dentro.