La ley de la gravedad es muy complicada y más si nos da por hacer cábalas con la antimateria...
Es un mito que en el espacio no hay gravedad: No, en todas partes hay gravedad; otra cosa es que estés en caída libre.

Imaginemos que la ley de la gravedad pierde toda o parte de su gravedad y dejamos de ser esclavos de la física.
Experimentos constatan que la fuerza que rige el movimiento de los planetas sigue funcionando bien cuando los objetos están separados 56 micras. De este modo si, por ejemplo, las dimensiones extras existen, éstas deben de estar compactadas a unas distancias menores a la mitad de un cabello humano, es decir unas pocas decenas de micras.
No, no podemos imaginarlo.
Pero, la idea de dominar la fuerza de gravedad es más que tentadora. Al igual que con la imprenta o el ferrocarril, en la historia de la humanidad habría un antes y un después del control de la gravedad. Los vehículos podrían levitar libremente, los aviones ya no necesitarían alas y algunas industrias, principalmente la constructora y la minera se verían absolutamente revolucionadas. Y no sólo eso. El transporte espacial sería rápido y barato y el sueño de colonizar mundos lejanos estaría al alcance de la mano.
James Woodward es otro científico obsesionado por la antigravedad. Aunque en los papeles se dedica a otra cosa, en su laboratorio de la Universidad Estatal de California gasta el tiempo libre en averiguar cuál es la conexión entre la gravedad y la inercia, la tendencia de la materia a oponerse a los cambios de velocidad. Pero de momento solo llegan a indicios.