Dios mío, dios mío, dios mio, lo que me acabo de encontrar así de sopetón y de casualidad... la solución a nuestras dudas de discusiones de sábado noche:

Por las mañanas todos somos más o menos un centímetro más altos que por las noches. Esto se debe a que durante el día el propio peso del cuerpo comprime los cartílagos de la columna vertebral, de modo que nos vamos haciendo más y más bajos a lo largo del día, de forma apenas perceptible. Luego los cartílagos vuelven a expandirse mientras dormimos en horizontal, de modo que al despertar volvemos a ser realmente un poco más altos.

Lo dicho, fin de la discusión. Con la de risas que nos echábamos con los centímetros...

VIA

VIA