(...)Bjork canta como si tuviera un demonio dentro, un demonio de siete años pero demonio al fin y al cabo y, cuando declara que el mundo es amor, tenemos la sensación de que podría estar en cualquier sitio, playa, montaña o fábrica de botas y no vería la diferencia. El amor de Bjork no es circunstancial ni paisajista, es un amor atómico, fundamental.

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