El olfato es el más antiguo y desconocido de nuestros sentidos, es casi un sinónimo de intuición, es quizás el más mistico de nuestros sentidos, pero es el menos estudiado. Y lo poco que sabemos de él es gracias a investigaciones realizadas en las dos últimas décadas.

Al llegar a la nariz, los olores, provocan una reacción química y ésta, una señal eléctrica que se traslada hasta el cerebro, donde se transforma y almacena la fragancia.

La pregunta que se hacen los especialistas, es cómo el cerebro, a partir del impulso eléctrico generado por un aroma es capaz de procesar esa señal, regularla y ordenar la liberación de determinadas hormonas, como las del placer o del estrés, según nos enfrentemos a fragancias agradables o nauseabundas. Y, cómo somos capaces de elaborar pensamientos, asociando determinadas emociones a ciertos estímulos olfativos.

Averiguar el funcionamiento de los receptores moleculares, (Richard Axel y Linda Buck; Nobel de Medicina en 2004), ha permitido fabricar máquinas susceptibles de percibir miles de odorantes diferentes con una precisión mucho mayor que la de la nariz humana. Estos avances pueden ir en caminos insospechados como la nueva generación de perfumes capaces de guiarnos hacia una sección determinada del supermercado o el horrible olor creado por Pam Dalton, del Monell Institute de Philadelphia (EE.UU.), capaz de provocar náuseas instantáneas en quien lo perciba. (En el Pentágono ya se frotan las manos).

Originalmente los humanos teníamos más genes dedicados al olfato pero el 54% de ellos ha sufrido una mutación que los impide trabajar bien.
Esa atrofia se habría iniciado hace cinco millones de años, cuando el desarrollo del Homo Sapiens primó la vista antes que el olfato (aún a pesar de ello percibimos unos 10.000 olores, muchos más de los que podríamos nombrar).
El cambio amplió nuestra capacidad de distinguir colores y obtener información de nuestros semejantes a través de sus rostros, el tono de su color de piel o su manera de andar, pero nos privó de la facultad de reconocerlos por su aroma.

VIA

Otros olores en alfiler (1), (2) y (3).