Ya Homer Simpson experimentó en sus carnes, el poder alucinógeno de la ranas venenosas sudamericanas en su época de misiones.

A pesar de que a las especies sudamericanas, extremadamente venenosas, no es dable denominarlas alucinógenas, en el sentido genérico de la palabra, sus toxinas actúan sobre el sistema nervioso central produciendo efectos de tanta irrealidad que inducen a los indios a conferirle poderes sobrenaturales al animal. Y aunque, alucinaciones visuales y de otro tipo posiblemente acompañen las violentas intoxicaciones, de ninguna manera se pueden considerar como verdaderos alucinógenos (Furst, 1974, 1976).

A este respecto Furst ha precisado acertadamente que "el ataque masivo que produce en el sistema nervioso el veneno Bufo que contiene bufotenina es de un orden diferente a la transición de un estado de conciencia a otro producido por el polvo que contiene bufotenina" (Furst, 1974). Tal vez no sea coincidencia que con tanta frecuencia se agregaran sapos como ingrediente en las pócimas alucinógenas preparadas por las brujas en la Europa medieval.
Ya sea como causantes de alucinaciones, o como animales venenosos que producen lo que pudiera denominarse síndrome de seudoalucinación, estos anfibios —por estas y otras peculiaridades— adquirieron significación dentro de la magia y la mitología aborigen y ocuparon un lugar de privilegio entre los pueblos que crearon la orfebrería del oro en Colombia.

Sí, la despedida me ha dejado tocado. En un bar fui a mear y me encontré que todo estaba lleno de agua, entonces cuando estaba meando salieron tres ranas de detrás del urinario, muy pequeñitas, empezaron a moverse muy rápido por todas partes, luego empezaron a volar y me envolvían en una espiral que terminó por elevarme al 4º D, allí conocí a una bruja me que dio una brújula, que me dio un rumbo, que me dio que pensar, y bajé al 3º A pero no había camas, y yo quería dormir, me pegaron porque no quería que entrara en su casa sin avisar y es que yo no sabía como había entrado, le dije algo de las ranas pero me dijo que ni las nombrara, me echaron fuera, a la calle y allí vi que era día y fui a comprar pan, en la pastelería vendían ranitas de chocolate y no pude comprar pan. Después de correr detrás y delante de un oso me dormí en unos laureles y desperté ayer lunes sin parar de reír.