Delante tengo una señora mayor, y a su lado hay un niño que me mira pidiendo sonrisas... ¿o no?. Quizás no me esté pidiendo nada, con su mirada. Curiosea mi cara, mi pelo y mi ropa. Lo hace porque es niño. Cuando crezca aprenderá inevitablemente a disimular para mirar prolongadamente a alguien a quien no tiene nada que decirle... No podrá sostener una mirada fija hacia alguien a quien no conoce sin esperar incomodidad, pero mientras es pequeño, se le acepta la osadía y no saltan las alarmas.

(sigue leyendo)