...a duras penas, como si pesara más de lo que realmente pesa, con las dos manos, una sujetando a la otra para que no se derrame ni una gota del preciado y a la vez despreciado licor, sin querer darme cuenta que lo que realmente pesa no es la copa sino lo que contiene. Imposible beber tranquilo con ese temblor apocalíptico, ese sudor que me empapa todo hasta que el elixir mágico me inunda el estómago quemado y famélico. Esa primera copa milagrosa actúa como una medicación para mi, es pura necesidad física, no así las demás...

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