Por lo que a mí respecta, yo nunca había consumido drogas antes de rodar Gummo. Cuando la terminé empecé a flirtear con la heroína. Siempre había querido hacer una película y, cuando lo logré, el asunto me aburrió. Del aburrimiento surgieron mis problemas y toda mi violencia. Sólo cuando me drogaba me sentía feliz. Pero, al final, me di cuenta de que todo era una gran mentira. Así que volví a lo de siempre, al cabreo. Me siento bien sabiendo que si no fuera por el trabajo me suicidaría, porque soy consciente de que estoy aquí por una razón, que no es otra que la de crear algo. Tengo 27 años y estoy que reviento.

- Hueles a caca y pis, conejo maricón.
- Mátalo, es un conejo marica.